Jamón ibérico y serrano: diferencias que debes conocer

El jamón ibérico procede del cerdo ibérico, criado en la dehesa y con una capacidad única para infiltrar grasa en el músculo, lo que da lonchas veteadas, untuosas y de sabor complejo; el serrano viene de cerdos de capa blanca (Duroc, Landrace, Large White) criados en granja con piensos, con un perfil más magro, firme y suave. El ibérico exige curaciones más largas y se identifica por los precintos oficiales de colores; el serrano no lleva precinto y se clasifica por tiempo de curación (Bodega, Reserva, Gran Reserva). Para degustación y ocasiones especiales, ibérico; para el día a día y cocinar, serrano.
Partes del cerdo ibérico: anatomía y cortes nobles

Del cerdo ibérico se aprovecha prácticamente todo: las extremidades se curan como jamón y paleta; del despiece fresco salen los cortes nobles (presa, secreto, pluma, solomillo y lomo) y los nuevos favoritos de la brasa (lagarto, abanico y damas); y piezas como la carrillera, la papada o el castañuelo protagonizan los guisos tradicionales. Su calidad nace de la grasa infiltrada rica en ácido oleico, fruto de la genética, la bellota y el ejercicio en la dehesa.